Las obras de este período están marcadas por su carácter religioso: mobiliario litúrgico, escultura y decoración monumental, realizadas principalmente en monasterios y centros catedralicios. Estos espacios fueron, durante siglos, los principales focos de creación artística de los condados pirenaicos y prepirenaicos; de estos, los situados en el nordeste formaban parte del obispado de Girona.
Entre las piezas más destacadas se encuentran el conjunto litúrgico de Sant Pere de Rodes, la Viga de Cruïlles y la cabeza de mármol atribuida al taller del Maestro de Cabestany.
Por último, el visitante puede descubrir uno de los símbolos más reconocidos y enigmáticos de la Girona actual: la auténtica columna con el relieve de la Leona, datada en el siglo XIII.