El informalismo es uno de los movimientos más relevantes que ha tenido Cataluña en la segunda mitad del siglo XX por lo que significó de libertad creativa y de ruptura con la limitación representativa.
Como tendencia, surgió en Europa una vez terminada la Segunda Guerra Mundial y fue definida con conceptos como arte-autro o arte informel , acuñados por el crítico de arte francés Michel Tapié, en 1951, para reivindicar un «arte diferente». Un arte que renunciaba a la organización compositiva ya todo lo que fuera elaboración racional, y que apostaba por obras que no representaran nada, sino que fueran manifestaciones plásticas con valor propio. Siempre un arte personal e introspectivo, el informalismo se desplegó en un amplio abanico de variedades pictóricas -materica, tachista, signicogestual y espacialista- que dominaron el panorama artístico europeo, y catalán, a lo largo de los años cincuenta y sesenta.
La muestra «Otro arte. Informalismo en Cataluña, 1956-1966» establece la revisión más extensa hecha hasta ahora sobre esta corriente en nuestro país e incorpora artistas —sobre todo mujeres— poco expuestos o reconocidos en el grueso informalista catalán. Asimismo, dedica un espacio al historiador y crítico Juan-Eduardo Cirlot (Barcelona, 1916-1973), uno de los defensores más acérrimos de este movimiento. También hace un reconocimiento especial a los artistas Albert Ràfols-Casamada, Romà Vallès, Evarist Vallès y Antoni Tàpies, de los cuales este año se conmemora el centenario del nacimiento.
La selección de la documentación de la época permite aportar nuevos discursos y contextualizar las obras en su marco histórico.
En definitiva, se quiere reivindicar a toda una generación que tuvo una indiscutible trascendencia histórica para que se la sitúe en el lugar que merece en la historiografía del arte catalán contemporáneo.